domingo, 27 de febrero de 2011

QUÉ PASA EN ESPAÑA

Muchas veces me hago la pregunta ¿Qué pasa en España? Las conclusiones a las que llego son siempre pesimistas. Si me fijo en la situación actual las señales nos indican un cansancio permanente. Vivimos una época gris marcada por una crisis de identidad, un permanente debate sobre el modelo de estado y, especialmente, una ignorancia y una incultura general, pero especialmente lacerante enla clase política.
Ya sé que ahora está de moda desprestigiar a nuestros mandatarios, pero es que es un ejercicio de responsabilidad.
Pocos de los actuales dirigentes pasarían un examen de ciudadanía, de economía, de educación. En algunos dudo, incluso, que lean habitualmente algo más que las consignas que les lanzan sus partidos.
Cuando vamos a una conferencia el autor además de defender unas ideas propias se basa en las ideas expuestas por otras personas. Cita personas, teorías, hechos.
Nuestros políticos parecen haber olvidado que toda cultura se cimenta en la cultura anterior, por tanto en las ideas anteriores. Parece que ellos sólo saben arremeter contra el contrincante venga o no a cuento. Los jóvenes cachorros de las formaciones politicas es lo primero que aprenden. Casi lo único.
¿Qué teorías sociales, económicas, educativas, etc., siguen? Es un misterio, Porque, además, de vez en cuando leemos o escuchamos proclamas que pertenecen a corrientes diferentes a la que pertenecen. Los conservadores parecen ser progresistas y los progresistas conservadores.
Hasta el lenguaje está contaminado. Oímos hablar a los presuntos miembros de la izquierda de mercados o finanzas. Se han oovidado de conceptos como solidaridad.
En cambio los moradores de la derecha hacen gala de vocabulario progre. Hasta se llaman populares.
Volviendo con la pregunta inicial. ¿Qué pasa en España?
Además de políticos ignorantes nos encontramos con un pueblo dormido.
Es este un aspecto aterrador. Decía hace unos días el escritor Muñoz Molina qe los españoles sólo nos manifestábamos por causas futbolíticas o alcohólicas.
Ahora aplaudimos las manifestaciones que están derrocando los regímenes de los paìses árabes. ¿No tendríamos que manifestarnos nosotros por los más de cuatro millones de parados, por la corrupción, por el clientelismo político, por el caciquismo, por el nepotismo...?
Históricamente hemos sido un país dominado por caudillos (aristócratas, militares y religiosos). El ejercicio de la participación activa está subsumido por la innercia: "El que se mueva no sale en la foto".
Cambiar este modelo es casi imposible, toda vez que desde los medios de comnicaciòn nos hacen mirar para otro lado o para el lado equivocado. Lo importante, parecen pensar, es el fútbol, los nacionalismos, los escándalos de personajes vulgares, las imágenes de bodas principescas. ¿Qué pasa con los que no tienen un trabajo, con los jóvenes sin esperanza, con tanta gente que no sabe que está siendo manipulada?
Volviendo al pasado, nuestro Generalísimo (no sólo fue General) murió trnquilamente en su cama, rodeado del pueblo y de sus prelados. Es esa una vergüenza nacional. En aquella época hasta Portugal y Grecia tuvieron sus revoluciones. Nosotros no. Nosotros esperamos pacentemente a que la naturaleza arreglara el desaguisado. Y no sólo eso. Lo que hicimos con la transición fue una ofensa en pro de la convivencia.
Y asi seguimos. No tocar nada para que nada cambie, no siendo que se enfaden los señoritos. Mejor dar dinero a los bancos, facilitar los negocios a los especuladores, retrasar la jubilación. Y a callar.
Necesitamos un psicoanálisis colectivo.

EL DESIERTO DE LOS TÁRTAROS


El último libro que he leído es "El desierto de los tártaros" de Dino Buzzati. Últimamente no hay muchas lecturas que me sorprendan. A veces tengo la impresión de que las ideas se han agotado.
No obstante, este libro sì me ha producido sensaciones de angustia. No es sólo el desierto un espacio físico, también es una actitud, o al menos, un especio mental y psicológico.
El protagonsita espera, como el resto de los soldados de la Fortaleza a que lleguen los tártaros, a tener su momento de gloria. Para él, Giovanni Drogo, la vida fuera de allí ha dejado de tener sentido.
Hay un momento especialmente amargo. Al volver a la ciudad por un permiso, se da cuenta de que el mundo ha seguido girando sin él; sus hermanos han iniciado otras vidas, su amiga se va a ir de viaje a los Países Bajos. Incluso su madre, no está despierta cuando regresa de madrugada. No le importa a nadie.
Regresa y la rutina se impone día a día, año tras año.
El momento más duro ocurre cuando por fin llegan los tártaros y loencuentran enfermo. Tanto que debe abandonar su puesto y salir derrotado. Sólo le queda su dignidad.
Hermosa y triste alegoría.

COSAS MIAS

Inicio este blog con la intención de escribir. Mis cosas. Mis libros. Mis películas. Mis malos ratos. También los buenos.