No creo que se pueda añadir nada a lo que ya se ha escrito sobre esta novela de Mario Vargas Llosa. Leerlo es bañarse en historias que te atrapan y no te permiten dejar de nadar.
Es verdad que hay un sueño, el que tiene el protagonista Roger Casament, acerca de la liberación de Irlanda. Pero hay otros personajes fantásticos creados de forma magistral.
Entre ellos me ha causado admiración la figura del carcelero. Es un hombre apenado. Su único hijo ha muerto en Francia luchando en la I Guerra Mundial; de ahí el dolor y el odio inicial. Pero es, ante todo, un padre que ve en Casament la causa de su dolor. Por eso, al principio el trato hacia el prisionero es despectivo y cómo al final aparerce la parte más humana y casi tierna de un hombre.
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