jueves, 25 de octubre de 2012
A LA MIERDA
Ayer una persona se ha suicidado en Granada como consecuencia de las deudas. En una sociedad donde la justicia fuese un valor reconocido, ya habría actuado el fiscal general o quienquiera que fuese para juzgar a los responsables de este asesinato.
En una sociedad como la nuestra no pasará nada. Se olvidará y seguiremos esperando que el maná llegue del norte de Europa.
A lo largo de estos últimos cincuenta años las personas de mi generación hemos visto y sentido correr el sudor por nuestra frente o nuestra espalda, hemos pasado tarde enteras de domingos y fiestas de guardar frente a los libros, hemos sabido lo que es la pobreza, el frío, el sueño y la lucha. Por eso no podemos por menos que sentir rabia ante tanto político inculto, corrupto e incompetente, ante tanto banquero podrido por la codicia y sin escrúpulos.
Ellos tendrán lo único que han sabido ganar, dinero y poder; pero jamás podrán sentir el calor de las personas. Se sentirán apestados. Serán el hazmerreír de todas las personas que a base de esfuerzo, valor y lealtad a unos principios han conseguido ser respetados. Ellos nunca podrán sentir el prestigio de ser importantes.
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